El almendro prefiere un lugar soleado, cálido y lo más seco posible, con buena circulación de aire. Necesita riego regular durante la fase de crecimiento y en períodos secos prolongados, pero no tolera el encharcamiento.
Lo ideal es un suelo suelto, profundo y bien drenado con un pH ligeramente ácido a neutro, de aproximadamente 6,0 a 7,5. Generalmente, tolera bien los suelos calcáreos.
En condiciones óptimas, comienza a producir frutos después de unos 3 a 5 años y desarrolla las conocidas almendras en una cáscara aterciopelada. El árbol suele alcanzar una altura de unos 4 a 8 metros y forma una copa ancha y de estructura suelta.