La Erica prefiere un lugar soleado o semi-sombreado con buena circulación de aire. Necesita riegos regulares, manteniendo el suelo uniformemente húmedo, pero bien drenado, y nunca debe secarse por completo.
Idealmente, el suelo debe ser rico en humus, suelto y ácido, con un pH de aproximadamente 4.5 a 6.0. Se deben evitar los suelos calcáreos, ya que pueden afectar el crecimiento y la salud de la planta.
La planta no produce frutos comestibles, sino numerosas flores pequeñas en forma de campana en tonos rosados, rojos o violetas. Por lo general, alcanza una altura de unos 20 a 60 cm y crece como un arbusto enano, compacto y tupido.